El sentido de comunidad

Image result for comunidadFotografía: Comunidad Hipertextual

Hace 6 años compartí en una estación de radio local algunas reflexiones sobre el asesinato de Blanca Elena, Gustavo Adolfo, Jesús Alberto Gutiérrez Álvarez y Samuel Vázquez Gómez. Tenían 10, 8 y los dos últimos, 7 años de edad. Desaparecieron un martes 24 de abril de 2012 y fueron encontrados muertos 3 días después en una fosa en Tapijulapa, en el municipio de Tacotalpa. Dije que ante el lamento y la indignación de toda una sociedad, sería redundante decir que algo grave sucedía, pero había que hacerlo.

Después de 6 años, como si nada hubiera cambiado, volvemos al lamento y la indignación por la muerte de otros 2 niños, Emilio y Andrés, de 2 y 3 años respectivamente. Y uno no puede mas que sostener que algo está roto en un estado como Tabasco cuando la violencia se presenta en tantos dominios y arrebata la vida de inocentes cuyas biografías apenas comenzaban a escribirse.

El asesinato de estos niños, muestra la profunda crisis valórica que se vive en el país y en nuestro estado. Se devela el alto nivel de desconexión moral de los asesinos y, hay que decirlo con todas sus letras, de una sociedad que poco ha hecho para cambiar la realidad en la que vive. No podemos quedarnos en la indignación y pedir el ajusticiamiento inmediato sin preguntarnos cómo reconstruir los lazos de respeto y paz que deben unirnos como individuos.

El peor error es ver estos casos como algo aislado, como tragedias espontáneas. No podemos dejar de conectar lo que irremediablemente está conectado. Como sociedad, como estado, debemos mirarnos al espejo y cuestionar las decisiones, acciones y omisiones que hemos hecho y que han permitido que la violencia nos separe de forma tan trágica.

Los últimos meses de 2017, mientras construíamos la plataforma de ‘Es Posible’, un movimiento de ciudadanos interesados en generar reflexión sobre los asuntos públicos y promover la acción social, tuve oportunidad de reunirme con representantes de algunas organizaciones sociales, amigos empresarios, estudiantes de escuelas públicas y privadas y grupos de vecinos de algunas colonias de nuestra ciudad. Al hablar de lo que estaba fallando en nuestro estado noté algo que me preocupó. Lo que encontré casi de manera unánime era la exigencia de cambio hacia los demás, así en abstracto, sin reparar en lo que nos toca, no sólo de manera individual, sino como parte de comunidades más grandes: familia, escuela, colonias, trabajo, por mencionar algunas.

El argumento más recurrente se centraba en la exigencia a los gobiernos de cambiar las estrategias, y es que es comprensible que exista la mayor parte de la responsabilidad en los mismos (lo sé, como servidor público que soy). Sin embargo, en el fondo de los argumentos ese “cambio” exigido apela más al regreso de glorias pasadas que ya no serán. Vivimos en la nostalgia de pasados que nos impiden pensar cómo construir un presente más armonioso y justo para todos. Por eso es fundamental entender que cambiar como colectivo no es una implicación menor: requiere romper paradigmas, modificar estilos de vida, comprometernos mucho más en lo público y replantear en gran medida la forma como nos relacionamos con los demás.

El mayor reto que tenemos es reconstruir el sentido de comunidad y de pertenencia de todos y para todos. El punto no es sólo atacar al crimen, reprimir al delincuente y dar justicia a las familias. La arquitectura de la paz en Tabasco necesariamente debe estar vinculada con la visión de una sociedad incluyente, respetuosa, pacífica y, ante todo, humana. Tenemos que entender que esos pequeños eran nuestros, de todos, porque hacerlo es entender que, más allá de clases sociales, credos, ideologías, orientación sexual, raza o género, todos somos hijos de ésta misma tierra-agua que llamamos Tabasco. La única forma de reconstruir el sentido de comunidad y evitar que sucedan tragedias como ésta, es reconocer nuestras faltas y aceptarnos imperfectos. Eso nos devolverá el sentido de humildad y nos ayudará a construir una nueva forma de ser tabasqueños y más que eso, nos volverá hermanos. Se lo debemos a Blanca Elena, a Gustavo Adolfo, a Jesús Alberto, a Samuel, a Emilio y a Andrés… pero también a nosotros mismos.

Artículo publicado en la revista ‘Aquí Tabasco’. Edición Abril 2018.

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