La reconciliación necesaria.

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Fundación-163

Fotografía: El Sindicato. México, 2018.

La Real Academia Española define ‘reconocer’, en su primera acepción, como “examinar algo o a alguien para conocer su identidad, naturaleza y circunstancias” y, en su tercera acepción, “examinar a alguien para conocer el estado de su salud o diagnosticar una posible enfermedad”. Revisada la definición, y en un ejercicio autocrítico a partir de lo que ocurre en Tabasco, sostengo que nos hace falta, y de manera urgente, reconocernos.

Hace poco más de dos décadas, atravesamos por un conflicto partidista de proporciones mayores; hace una década fuimos testigos del destierro de la ética en el servicio público; hoy, padecemos una crisis valórica sin precedentes, que impacta lo público y lo privado, y que nos debate entre la rapiña, la violencia, el hartazgo y la mediocridad. Sí, hay que decirlo claro, nos dividieron los colores, las aparentes ideologías, las falsas promesas, nuestro renegar del agua y hasta nuestra clase social (o lo que sea que eso signifique). Quizá lo peor de todo es la división provocada al comprar un mito de felicidad individual, basado en una aparente idea de progreso, que quemó, como lo hace el fuego con la pastura, nuestro sentido de comunidad.

Por eso tenemos que salir del letargo, dejar de creer que la Historia inicia cada 3 o cada 6 años, que la experiencia o la juventud por sí mismas son virtudes, que una sola fuerza es capaz de arreglar las cosas, que el voto es el único recurso de la democracia y, sobre todo, debemos dejar de creer que nada puede cambiar. Y es que ya no se trata de repartir culpas, nuestro deber es identificar responsabilidades. La modernidad en Tabasco ha sido empantanada por más de dos millones de almas quienes, por desidia, complicidad o miopías propias, hemos asumido como postura cómoda la indiferencia y el señalamiento del error ajeno. Por eso sostengo que hoy es fundamental reconocernos, más allá de la soberbia de las verdades únicas, de las divisiones partidistas y del pragmatismo electoral. Y es que reconocernos es el primer paso para reconciliarnos. Una sociedad que no se reconcilia tiene una muerte segura.

Afortunadamente, la inercia está cambiando y hoy, desde diversas trincheras que pasan por el servicio público, la iniciativa privada, las aulas y las comunidades, se percibe un nuevo lenguaje, una nueva emoción, una nueva postura ante el destino. Hay muchos tabasqueños que han decidido dejar el pesimismo para tiempos mejores. Ejemplos sobran y los encontramos en ámbitos tan distintos como la cultura, la gastronomía, el deporte, la política (no necesariamente partidista), colectivos ciudadanos y en medios de comunicación. Ahí están, sólo nos falta afinar la escucha y aguzar la mirada. Lo que quiero dejar claro es que muchos hemos aceptado el reto de reconstruir el sentido de lo posible. Hemos aceptado el reto de asumir la vida como militancia. El camino no será fácil y los resultados, contrario a lo que se desea, no se darán en el corto plazo, pero ello no debe implicar la renuncia a los ideales ni a la posibilidad de un destino mejor. Lo merecemos y el esfuerzo vale la pena pero hay que dejar atrás nuestras cavernas y nuestros laberintos. Esa es la única forma de reconocernos, de reconciliarnos y de tener un mejor Tabasco.

Participación radiofónica en ‘Por la libre’. 104.1 fm XEVT. 07 junio 2017.

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