Creatividad y política para darle forma al mundo.

 

Ilustración: Amy Van Luijk

Amin Maalouf señala certeramente que “hemos entrado en este siglo nuevo sin brújula […] y volvemos a preguntarnos si nuestra especie no ha llegado, por decirlo de alguna manera, al umbral de incompetencia ética, si sigue acaso avanzando, si no acaba quizá de iniciar una regresión que pone en entredicho lo que tantas generaciones sucesivas se habían esforzado por edificar”. Y es que ante las catástrofes medioambientales, las crisis humanitarias, los fenómenos migratorios, el debilitamiento de los gobiernos, los límites y excesos de un modelo económico perverso, la pérdida alarmante de empatía y el incremento de la violencia, nos preguntamos qué camino estamos recorriendo, si podemos cambiar de ruta, si todo está perdido. Muchos aún creemos que hay esperanza, pero hace falta más que una creencia para que las cosas sucedan. Por eso, hay que tomar una postura clara ante el destino y el único espacio que nos permite esto es la política.

En El tiempo de la política” sostuve que toda acción política es acción histórica y que todo tiempo pasado, presente y futuro es un tiempo político donde dicha acción se presenta como el espacio de diálogo y transformación entre lo individual y lo colectivo. Es ahí donde se engarzan los sueños individuales con los anhelos sociales, el espacio de acción concreto en el que puede transformarse la realidad. Sin embargo, ¿qué tipo de política hacemos? ¿En qué marco ético se construye? ¿Qué papel tiene la creatividad en la política para darle forma al mundo?

Según la tradición griega, toda política debe ser una ética en su desarrollo y el fin último de ésta es el bien. Si éste es el parámetro, parece que nos hemos extraviado y el gran reto es repensar la ética desde una mirada colectiva, no desde una perspectiva que sólo atañe al proceso reflexivo de cada persona. En un mundo que ha exacerbado la individualidad, que busca el poder como fin en sí mismo y que supedita toda acción humana a las reglas de la economía, la ética es el puente para conectar los distintos y reivindicar a la política misma. Quizás porque nunca tuvo que separarse de ésta.

Para el caso mexicano nada urge más. Los niveles de discriminación reportados por el CONAPRED, el histórico registro de muertes violentas, la corrupción imperante en lo público y lo privado, el ensanchamiento de las desigualdades, el desvanecimiento de las ideologías, la precarización de las ciudades y la reducción del Estado a mero regulador de la vida pública, bastan para pensar y actuar en consecuencia. No es casual que apenas 8% de los mexicanos considere que se gobierna “para el bien de todo el pueblo”; el déficit de legitimidad y confianza social es alarmante.

Todas las personas actuamos con base en valores específicos y de acuerdo con el contexto inmediato que se presente en la realidad. Así pues, pareciera que no hay escapatoria y que estamos condenados al fracaso. La confianza en las instituciones, en la autoridad y hasta en nosotros mismos ha mermado de manera importante. Pero ahí está la clave, una coordenada cardinal para la acción. Si bien no somos responsables de todo lo que nos pasa ni podemos controlar la totalidad de los acontecimientos, sí podemos elegir cómo interpretarlos, cómo reaccionar a los mismos y cómo incidir para obtener resultados distintos.

En libertad podemos imaginar y ser creativos, no sólo para trazar nuevos horizontes, nuevos referentes, sino para plantear estrategias y acciones concretas que le den forma al mundo. Si la crisis de la política puede comenzar a resolverse en su reconciliación con la ética, entonces la creatividad se vuelve materia prima para apalancar este proceso. Si somos animales políticos, ¿cómo entrenamos nuestro ser político? En la libertad de imaginar, aun entre las distintas adversidades, muchos han encontrado algunas respuestas.

Como menciona el economista inglés Raj Patel “si el futuro se ve desconcertante […] será necesario experimentar nuevos modos de compartir el mundo y descubrir las fronteras de nuestras formas de socializar los recursos” y potencialidades. Para hacer una política distinta se requiere entonces imaginación, creatividad, valentía y arrojo. Ejemplos hay muchos, la política puede ser disruptiva, como nos enseñaron Gandhi y su resistencia civil pacífica, Martin Luther King con el movimiento de los derechos civiles, los feminismos, como conjunto heterogéneo de movimientos políticos, culturales, económicos y sociales, el Congreso Nacional Indígena en México, la Vía Campesina, un movimiento que representa a 200 millones de agricultores en 81 países, o el #YoSoy132, un movimiento social encabezado por estudiantes en nuestro país.

Independientemente de los alcances y límites, de las coincidencias y las objeciones a cada ejemplo, la lección es que existe la posibilidad de construir desde una perspectiva ética. Por eso, una de las premisas que considero pertinentes para este nuevo siglo y este nuevo milenio, siempre abierta al debate, es la necesidad de hacer política, ética y estética. Si la Política es una ética en desarrollo y busca el bien común, el reto es imaginar cómo, desde esta mirada, podemos hacerlo de manera bella. Porque el lenguaje, las formas, las representaciones y las acciones de cada lucha, atienden a una sensibilidad concreta que cincela la realidad. Aprovechemos esta crisis como lienzo y hagamos el bosquejo del mundo que queremos. Si en nuestro tiempo biográfico no tenemos la suerte de ver nuestras obras terminadas, valdría la pena recordar que, como con potencia decía André Malraux, aun en la muerte, continuarán siendo vida.

Bibliografía.-

Maalouf, Amin. El desajuste del mundo. Madrid: Alianza Editorial, 2011.

Jiménez, Izcoatl. “El tiempo de la política” en Capitel 8ª edición (2017).

Latinobarómetro. Informe 2017. Buenos Aires: BID, 2017.

Patel, Raj. Cuando nada vale nadaLas causas de la crisis y una propuesta de salida radical. Barcelona: Sin Fronteras, 2010.

 

Artículo publicado en la Revista Capitel. Universidad Humanitas. 16 de noviembre de 2018.

http://capitel.humanitas.edu.mx/creatividad-y-politica-para-darle-forma-al-mundo/ 

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