¿Qué es ser padre?

Ilustración de: Soosh.

Para Marina y María Victoria.

No es una pregunta inocente ni retórica. Nuestra paternidad, planificada o no, plantea quizá una de las preguntas más importantes y poderosas que un hombre puede hacerse en su vida. ¿Hay una sola respuesta?, no. Sin embargo, es un ejercicio necesario, obligatorio y, hay que decirlo, doloroso. Permítanme ser frontal en esto: los hombres no nos preguntamos si queremos ser padres, ya no digamos si queremos ser el mejor o, al menos, uno bueno. Damos por hecho, y eso en el mejor de los casos, que nuestras obligaciones son el sostén económico y la construcción de una figura de autoridad “respetable” frente a nuestros hijos.

Para quienes somos padres debiera ser obligatorio revisar en qué contexto nos volvimos papás; cómo fue nuestra niñez; cómo fue la relación con nuestros padres; qué tipo de relación quiero con mis hijos, y qué impacto tiene en mí, en mis hijos y en mi comunidad el ejercicio de mi paternidad. Todas éstas interrogantes se desdoblan de la GRAN pregunta. Un mensaje a todos los hombres que me leen: más nos valdría poner nuestra energía en resolverlas. Aquí algunos datos.

De acuerdo al Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP), en México 1 de cada 3 hombres es padre. Sin embargo, en el Informe del Estado de la Paternidad en América Latina y el Caribe, publicado por Promundo. Health Masculinity, Gender Equality y auspiciado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se señala que a nivel nacional las mujeres ejercen las tareas del cuidado y del hogar 2.8 veces más que los hombres. Por si fuera poco, la participación del padre en actividades que promueven el aprendizaje y la preparación para la escuela apenas es del 14%; la cifra no es mayor para el caso de actividades lúdicas. Cuando “estamos presentes” no somos capaces de ejercer una paternidad afectiva ni efectiva. En palabras sencillas: no somos capaces de jugar ni de demostrar amor a nuestras hijas e hijos.

Peor aún, de 1995 a la fecha, según datos del INEGI, la cifra de padres ausentes ha ido en aumento. En dos décadas, el número de hogares donde la figura del padre es prácticamente inexistente ha pasado de 3 a 5 de cada 10. El abandono, en todas sus manifestaciones, es un problema que debe ocuparnos. Las razones son muchas: migración, incremento de divorcios, reacción a la inserción de las mujeres en el mercado laboral y la vida pública, incapacidad de reconocer otras masculinidades y, por ende, dinámicas de violencia contra lo que represente un atentado al ejercicio de una forma de ser hombre que hoy en día no es sostenible.

En una época de violencia exacerbada, de feminicidios, de asesinatos, de rupturas familiares, de migraciones forzadas y de abandono lastimoso de las infancias, una tercera parte de la población tenemos, como acertadamente señala el Dr. Juan Guillermo Figueroa, profesor investigador de paternidades del Colegio de México, la posibilidad de fomentar en las nuevas generaciones formas más equitativas, sanas y amorosas de hacer familia, pareja y comunidad. El tiempo apremia.

El modelo predominante de paternidad, añejo y anacrónico, trae consigo una gran soledad y está demostrado que nos expone, junto a nuestros hijos y nuestras parejas, a una gran cantidad de sufrimiento. La crisis económica, social, política y humanitaria que atraviesa el mundo magnifica ésta circunstancia. El modelo tradicional de padre implica que con tal de lograr el sostén completo del hogar abandonemos nuestro cuidado, anulemos nuestras emociones, deleguemos la crianza afectiva a nuestras parejas, seamos incapaces de conectar con nuestras hijas e hijos y, hay que decirlo claro, consideremos como derechos irrenunciables formas de ocio que atentan contra nuestra salud y la unión misma de nuestras familias.

Es imperativo replantear los roles de género y fomentar una ética del cuidado para que, de una vez por todas, dejemos de pensar que las mujeres tienen la obligación de cuidarnos y que los hombres merecemos ser cuidados. Es necesario replantear el contacto con el otro, fomentar relaciones equitativas y combatir los vicios que la paternidad tradicional nos solapa. Cada quien debe hacer esta reflexión con base en sus propios contextos, sería pretencioso dar aquí un modelo ejemplar de paternidad. Lo único que se busca es abrir conversaciones que tenemos pendientes. No demos por sentado lo que implica la crianza ni supongamos que hay una sola forma de ser hombre y de ser padre. Para sorpresa de muchos, este ejercicio, que nos confronta directamente en el espejo, puede ser una gran oportunidad de sanar, de crecer y de disfrutar un poco más de la vida. Y lo mejor de todo, en compañía de nuestras parejas y/o nuestras hijas e hijos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .